https://www.youtube.com/watch?v=OCoQ5zwTlC4
sábado, 30 de julio de 2016
viernes, 29 de julio de 2016
jueves, 28 de julio de 2016
viernes, 22 de julio de 2016
sábado, 16 de julio de 2016
Estos son algunos "Tips" o consejos "Pro Ana" (anorexia) "Pro Mia" (bulimia):
- “Puedes comer hielo si sientes mucha hambre!”
- “Muy importante NO LE DIGAS A NADIE QUE ERES AMIGA DE ANA O MIA!!”
- “Cuando bajes de peso y estes feliz NO TE PREMIES CON COMIDA comprate una prenda de vestir! una pulsera! o lo que sea… asi completaras un look mas lindo.”
- “Cuando sientas ansiedad come Chiclets SIN AZUCAR… (Ademas de darte un buen aliento quita la ansiedad) no exageres con los chiclets ya que estos contienen calorias..”
- “En tu casa usa ropa apretada para que veas por que haces esto.”
- “Come desnuda frente a un espejo!”
- “Trata de evitar las salidas sociales con amigos, novio… etc!!! Todas estas terminan en el cine comiendo PALOMITAS DE MAIZ o en BURGUER KING…”
- “Mastica bien la comida hasta que se disuelva en tu boca y luego escupela y dasela a tu perro.. o gato..pero no botes la comida!”
- “Si no puedes vomitar porque hay mucha gente llevate un envace a tu cuarto, pon musica a todo volumen o la tv para que no t oigan,y cuando todos duerman lo botas en el baño.”
- “Cuando vayas a comer algo que no debes, y sabes que lo haras, deja que todos te vean comer!! asi no sospecharan nada de mia…”
- “Acostumbra a tu familia a que t gusta comer en tu cuarto.. asi puedes guardarla en una bolsita con zip y luego cuando salgas darsela a tu perro o gato…”
- “Puedes comer hielo si sientes mucha hambre!”
- “Muy importante NO LE DIGAS A NADIE QUE ERES AMIGA DE ANA O MIA!!”
- “Cuando bajes de peso y estes feliz NO TE PREMIES CON COMIDA comprate una prenda de vestir! una pulsera! o lo que sea… asi completaras un look mas lindo.”
- “Cuando sientas ansiedad come Chiclets SIN AZUCAR… (Ademas de darte un buen aliento quita la ansiedad) no exageres con los chiclets ya que estos contienen calorias..”
- “En tu casa usa ropa apretada para que veas por que haces esto.”
- “Come desnuda frente a un espejo!”
- “Trata de evitar las salidas sociales con amigos, novio… etc!!! Todas estas terminan en el cine comiendo PALOMITAS DE MAIZ o en BURGUER KING…”
- “Mastica bien la comida hasta que se disuelva en tu boca y luego escupela y dasela a tu perro.. o gato..pero no botes la comida!”
- “Si no puedes vomitar porque hay mucha gente llevate un envace a tu cuarto, pon musica a todo volumen o la tv para que no t oigan,y cuando todos duerman lo botas en el baño.”
- “Cuando vayas a comer algo que no debes, y sabes que lo haras, deja que todos te vean comer!! asi no sospecharan nada de mia…”
- “Acostumbra a tu familia a que t gusta comer en tu cuarto.. asi puedes guardarla en una bolsita con zip y luego cuando salgas darsela a tu perro o gato…”
viernes, 8 de julio de 2016
Ana:
Ana se levantaba como todas las mañanas, se desnudaba completamente y se dirigía al baño. Se posaba ante la báscula esperando varios segundos hasta ver lo que marcaba y en esos segundos en los que la báscula calculaba el peso de su portador, su cabeza solo pensaba en el número que había visto el día anterior, deseando con todas sus fuerzas que la aguja del marcador no sobrepasase ni siquiera varios gramos de más, sino que la fina aguja de su interior marcase levemente un descenso en su peso.
Su peso, aquello que marcaba su existencia, su materia, su ser. Aquello que deseaba reducir con todas sus fuerzas, aquello que marcaba la fina línea entre la vida y la muerte.
Después se dirigía al espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación y se observaba detalladamente palpando con sus manos cada centímetro de su piel. Apretando en varias zonas, estirando en otras e intentando reducir con ellas en su reflejo, las partes que deseaba tersar o hacer desaparecer.
Su visión supuestamente distorsionada le mostraba una imagen supuestamente irreal que su celebro había almacenado y creado para si mismo como algo completamente tangible y verídico. O al menos eso es lo que le decían, que su visión, su realidad, era totalmente contraria a lo que el espejo reflejaba ¿acaso se había vuelto loca? Su visión estaba completamente distorsionada, mostrándole una imagen falsa y alterada.
Pero fuese cual fuese la verdad, aquella imagen que observaba ante aquel espejo de cuerpo entero, era su imagen, era su reflejo, era su verdad y podía tocarla como real.
Después se dirigió a aquel lugar que un día muy lejano la había llenado de felicidad y ahora se le antojaba como un momento angustioso y cruel que la atormentada todos los días como si de una cadena perpetua se tratase.
Abrió las puertas de su armario como si el infierno fuese a brotar de él, mientras escarbaba entre su ropa algo que pudiese hacer disimular aquel cuerpo deforme que su mente había creado. Encontró un pantalón negro, la prenda que más odiaba de su color favorito, aquel que tanto hace disimular, después se enfundo en él y revisó cada detalle frente al espejo.
La textura de la tela pegada a su piel, marcando unas líneas deformes ante sus ojos, recorrió con sus manos desde su cintura hasta los tobillos apretando y estirando la tela elástica de aquella prenda que formaba una segunda piel sobre su cuerpo. Por último metió la barriga hacia dentro aspirando el aire levemente para apretar con sus manos y pasarse el botón que la encerraría en aquella celda de tela.
Sus ojos solo veían un inmenso ser deforme encerrado en una celda de piel. Una piel grasa, llena de bultos y trozos que sobraban por todas partes, trozos que cogía y estiraba con sus manos deseando tener un cuchillo láser que pudiese cortar y hacer desaparecer de ella todo aquello que nunca debió estar ahí. Todo aquello que la repudiaba y la hacía sentir un inmenso asco hacía un engendro amorfo.
Solo quería salir de esa prisión, de la prisión de su cuerpo, pero era difícil hacerlo sin llegar a la inexistencia. Lo peor es que ella lo sabía, pero no podía evitar desvanecerse por una ilusión.
Su estomago rugía como un tigre hambriento, y en realidad lo estaba… pero ella no estaba dispuesta a ceder ante aquello que consideraba una debilidad… un pecado capital… la gula…
Ya estaba acostumbrada a esa sensación de hambruna pero ni mucho menos era lo peor.
Lo peor eran los calambres y hormigueos que recorrían todo su cuerpo como invisibles parásitos en su interior. Lo peor era recordar cuando había sido la última vez que había hecho de vientre o mejor dicho, era que no podía recordarlo. No recordaba cuando había dejado de tener la menstruación y eso la hacía sentir como una cuarentona menopáusica. Y aquel asqueroso vello fino en zonas extrañas de su cuerpo que tenía que afeitar. Por el contrario su cabello caía en considerables cantidades y sus uñas tenían un aspecto amarillento y quebradizo, además siempre tenia un inmenso frío.
Aquellas solo eran unas pocas de las consecuencias que su obsesión le había obligado acostumbrarse.
Se terminó de arreglar dentro de la medida posible y se puso el abrigo negro.
Mientras andaba por la calle, un par de jovencillas jóvenes y vivarachas, torcieron la mirada hacía ella que escondía su rostro en su capucha negra con los bordes peludos.
Las dos jóvenes se rieron de ella y susurraron en un tono de voz que ella pudo escuchar, que parecía una vieja esquelética.
¿Acaso no lo sabía? ¿Acaso no lo veía? ¿O no lo quería ver?
Ella bajo la mirada pensando que nada les podía reprochar y deseando esta vez, desaparecer de verdad…
Mía.
Mía a simple vista era la chica perfecta. Rubia, delgada, de cuerpo fibroso y realmente guapa. Pero hay cosas que son difíciles de poseer y muy fácilmente de perder.
Mía era realmente una princesa y no estaba dispuesta a renunciar a ello.
Aquella noche había cenado con sus amigas en un buffet y todas estaban realmente impresionadas por la cantidad de cosas que había comido.
Algunas se preguntaban como conseguía comer tanta comida sin que le doliese la barriga. Otras que tenían sobrepeso le decían que no sabía la suerte que tenía por poder comer tanto y seguir así de delgada y perfecta. Pero en realidad ella si que lo sabía y estaba dispuesta a cobrar el precio que fuese por ello.
Cuando Mía llegó a casa se dirigió al baño, se arrodilló en el e introdujo sus dedos índice y corazón en su boca buscando en ella tocar la parte rugosa y más honda de la lengua y el principio de la garganta.
Tras varios intentos sintió como algo subía de su interior y un sabor agrió le hacía arrojar lo que tenía en su interior junto a trompicones de comida.
Después de varios vómitos, sintió que ya no tenía nada dentro mientras observaba los restos de la cena de aquella noche.
Se puso su mejor chándal, uno de terciopelo morado y salió a correr como todas las noches hasta el borde del desmayo. Corría hasta que sus músculos y huesos la frenaban avisándola con flaquear las piernas.
Al volver a casa se observó en el espejo y sonrió de lo guapa que se veía, pero su sonrisa se desvaneció al observar sus amarillos dientes y una boca que no conjuntaba con el resto de su fachada, aunque si de su interior…
Ella solo quería ser perfecta, ser una princesa ¿acaso quién no deseaba dicha cosa?
Ana se levantaba como todas las mañanas, se desnudaba completamente y se dirigía al baño. Se posaba ante la báscula esperando varios segundos hasta ver lo que marcaba y en esos segundos en los que la báscula calculaba el peso de su portador, su cabeza solo pensaba en el número que había visto el día anterior, deseando con todas sus fuerzas que la aguja del marcador no sobrepasase ni siquiera varios gramos de más, sino que la fina aguja de su interior marcase levemente un descenso en su peso.
Su peso, aquello que marcaba su existencia, su materia, su ser. Aquello que deseaba reducir con todas sus fuerzas, aquello que marcaba la fina línea entre la vida y la muerte.
Después se dirigía al espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación y se observaba detalladamente palpando con sus manos cada centímetro de su piel. Apretando en varias zonas, estirando en otras e intentando reducir con ellas en su reflejo, las partes que deseaba tersar o hacer desaparecer.
Su visión supuestamente distorsionada le mostraba una imagen supuestamente irreal que su celebro había almacenado y creado para si mismo como algo completamente tangible y verídico. O al menos eso es lo que le decían, que su visión, su realidad, era totalmente contraria a lo que el espejo reflejaba ¿acaso se había vuelto loca? Su visión estaba completamente distorsionada, mostrándole una imagen falsa y alterada.
Pero fuese cual fuese la verdad, aquella imagen que observaba ante aquel espejo de cuerpo entero, era su imagen, era su reflejo, era su verdad y podía tocarla como real.
Después se dirigió a aquel lugar que un día muy lejano la había llenado de felicidad y ahora se le antojaba como un momento angustioso y cruel que la atormentada todos los días como si de una cadena perpetua se tratase.
Abrió las puertas de su armario como si el infierno fuese a brotar de él, mientras escarbaba entre su ropa algo que pudiese hacer disimular aquel cuerpo deforme que su mente había creado. Encontró un pantalón negro, la prenda que más odiaba de su color favorito, aquel que tanto hace disimular, después se enfundo en él y revisó cada detalle frente al espejo.
La textura de la tela pegada a su piel, marcando unas líneas deformes ante sus ojos, recorrió con sus manos desde su cintura hasta los tobillos apretando y estirando la tela elástica de aquella prenda que formaba una segunda piel sobre su cuerpo. Por último metió la barriga hacia dentro aspirando el aire levemente para apretar con sus manos y pasarse el botón que la encerraría en aquella celda de tela.
Sus ojos solo veían un inmenso ser deforme encerrado en una celda de piel. Una piel grasa, llena de bultos y trozos que sobraban por todas partes, trozos que cogía y estiraba con sus manos deseando tener un cuchillo láser que pudiese cortar y hacer desaparecer de ella todo aquello que nunca debió estar ahí. Todo aquello que la repudiaba y la hacía sentir un inmenso asco hacía un engendro amorfo.
Solo quería salir de esa prisión, de la prisión de su cuerpo, pero era difícil hacerlo sin llegar a la inexistencia. Lo peor es que ella lo sabía, pero no podía evitar desvanecerse por una ilusión.
Su estomago rugía como un tigre hambriento, y en realidad lo estaba… pero ella no estaba dispuesta a ceder ante aquello que consideraba una debilidad… un pecado capital… la gula…
Ya estaba acostumbrada a esa sensación de hambruna pero ni mucho menos era lo peor.
Lo peor eran los calambres y hormigueos que recorrían todo su cuerpo como invisibles parásitos en su interior. Lo peor era recordar cuando había sido la última vez que había hecho de vientre o mejor dicho, era que no podía recordarlo. No recordaba cuando había dejado de tener la menstruación y eso la hacía sentir como una cuarentona menopáusica. Y aquel asqueroso vello fino en zonas extrañas de su cuerpo que tenía que afeitar. Por el contrario su cabello caía en considerables cantidades y sus uñas tenían un aspecto amarillento y quebradizo, además siempre tenia un inmenso frío.
Aquellas solo eran unas pocas de las consecuencias que su obsesión le había obligado acostumbrarse.
Se terminó de arreglar dentro de la medida posible y se puso el abrigo negro.
Mientras andaba por la calle, un par de jovencillas jóvenes y vivarachas, torcieron la mirada hacía ella que escondía su rostro en su capucha negra con los bordes peludos.
Las dos jóvenes se rieron de ella y susurraron en un tono de voz que ella pudo escuchar, que parecía una vieja esquelética.
¿Acaso no lo sabía? ¿Acaso no lo veía? ¿O no lo quería ver?
Ella bajo la mirada pensando que nada les podía reprochar y deseando esta vez, desaparecer de verdad…
Mía.
Mía a simple vista era la chica perfecta. Rubia, delgada, de cuerpo fibroso y realmente guapa. Pero hay cosas que son difíciles de poseer y muy fácilmente de perder.
Mía era realmente una princesa y no estaba dispuesta a renunciar a ello.
Aquella noche había cenado con sus amigas en un buffet y todas estaban realmente impresionadas por la cantidad de cosas que había comido.
Algunas se preguntaban como conseguía comer tanta comida sin que le doliese la barriga. Otras que tenían sobrepeso le decían que no sabía la suerte que tenía por poder comer tanto y seguir así de delgada y perfecta. Pero en realidad ella si que lo sabía y estaba dispuesta a cobrar el precio que fuese por ello.
Cuando Mía llegó a casa se dirigió al baño, se arrodilló en el e introdujo sus dedos índice y corazón en su boca buscando en ella tocar la parte rugosa y más honda de la lengua y el principio de la garganta.
Tras varios intentos sintió como algo subía de su interior y un sabor agrió le hacía arrojar lo que tenía en su interior junto a trompicones de comida.
Después de varios vómitos, sintió que ya no tenía nada dentro mientras observaba los restos de la cena de aquella noche.
Se puso su mejor chándal, uno de terciopelo morado y salió a correr como todas las noches hasta el borde del desmayo. Corría hasta que sus músculos y huesos la frenaban avisándola con flaquear las piernas.
Al volver a casa se observó en el espejo y sonrió de lo guapa que se veía, pero su sonrisa se desvaneció al observar sus amarillos dientes y una boca que no conjuntaba con el resto de su fachada, aunque si de su interior…
Ella solo quería ser perfecta, ser una princesa ¿acaso quién no deseaba dicha cosa?
10 Mandamientos *Ana*
01. Si no estás delgada no eres atractiva.
02. Estar delgada es más importante que estar sana.
03. Tendrás que comprarte ropa adecuada, cortarte el pelo, tomar laxantes, matarte de hambre y hacer lo que sea por estar delgada.
04. No comerás sin sentirte culpable.
05. No comerás comida que engorde sin castigarte después.
06. Contarás calorías y limitarás tus comidas de acuerdo con ellas.
07. Los que diga la báscula es lo más importante.
08. Perder peso es bueno, engordar es malo.
09. Nunca se es demasiado delgada.
10. Estar delgada y no comer son signos de fuerza de voluntad y éxito.
01. Si no estás delgada no eres atractiva.
02. Estar delgada es más importante que estar sana.
03. Tendrás que comprarte ropa adecuada, cortarte el pelo, tomar laxantes, matarte de hambre y hacer lo que sea por estar delgada.
04. No comerás sin sentirte culpable.
05. No comerás comida que engorde sin castigarte después.
06. Contarás calorías y limitarás tus comidas de acuerdo con ellas.
07. Los que diga la báscula es lo más importante.
08. Perder peso es bueno, engordar es malo.
09. Nunca se es demasiado delgada.
10. Estar delgada y no comer son signos de fuerza de voluntad y éxito.
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